Trump-FBI-Prensa

Aunque es una leyenda urbana, hay muchas evidencias razonables sobre la homosexualidad del fundador del FBI John Edgar Hoover; de donde se desprende -por ejemplo- la vista gorda a la existencia de la Mafia como pago al bajo mundo por su silencio. De un tácito pacto: no me han pillado en mis andadas porque ustedes no existen. El todopoderoso Hoover escarbó hasta a los más mínimos detalles de la vida personal de políticos; desde concejales hasta presidentes para lograr la jefatura vitalicia del Buró. Valiéndose del chantaje sutil o descarado mantuvo fuera del escándalo o cuestionamiento su condición de maricón; que a la sazón, por ello podría incluso ir a la cárcel. Así nació la prestigiosa agencia de investigaciones con semejantes especímenes. Ahora, si este tenebroso personaje es uno más de los incontables ejemplos del poder corrosivamente inmoral, perverso del Poder en cualquiera de sus manifestaciones no deja de ser el producto de su medio. Hoover le dio al FBI la omnipresente tutela a todo y a todos, pero él fue la  obra maestra del submundo sórdido de las escuchas, el acecho, doble vida y de gente sin rostros. Una institución con muchos méritos y tan imprescindibles como no podríamos imaginarlo en estos tiempos, ya no de paranoia terrorista sino de la real posibilidad de ataque de la más absurda y alevosa manifestación del crimen, con supuestas razones de Fe. Es un ente respetado y eficiente, pero cuanto se salpica de política, suele apestar tanto como un «mortorio». Hoy vemos a James Comey: despechado y furibundo mostrando memorándum y revelando parte de su estado natural de intrigas. Alega que el Presidente lo echó por no ceder a las insinuaciones del Despacho oval (que no lo dudo, ya conociendo a Trump) que atentan contra la autonomía del aparato de inteligencia y que el propio Presidente resume en falta de confiabilidad.

Y chanchullo administrativo con visos político aparte, el otrora intocable Comey le apostó a Dios y al Diablo en su desempeño y para colmo se las anda diciendo que ¡Hasta detrás de una cortina tuvo que esconderse de Trump en la propia Casa Blanca…! Es poco creíble o peor: habla muy mal de sí y volvemos a ver la paradoja de que la Dignidad del cargo reposa sobre los hombros de un individuo con poca o ninguna dignidad.

Pero sí hay carroña, los buitres procuraran su banquete. Y no se hizo esperar la algarabía de la Prensa. En que está haciendo su trabajo se afanan en justificar la guerra descarada; tanto los periodistas que extorsionan con la calumnia y la tergiversación a quienes atentan contra su sacrosanto privilegio, como de políticos y personalidades defensoras de esa “prensa libre” y que detrás, realmente esconden más que nada un miedo atroz a caer en sus garras; de “perecer” bajo de sus portadas o editoriales. En justificar la guerra contra la persona de Donald J. Trump que data desde el primer día que aquel individuo decidió jugar el mismo juego de todos sus contendientes y ¡Ganó! A pesar nuestro, de muchos que realmente no le veíamos ni lo vemos como bueno, ganó y se está demostrando que por obcecado, payaso y poco ortodoxo en fin de cuentas tiene más méritos que la Clinton. De quien no caben dudas que junto a su esposo, son un binomio de patanes. Hoy la prensa habla de “revelación de información clasificada de alta sensibilidad a los rusos…” de traición a la patria e incluso de Impeachment. Sin recato está detrás de todo esto uno de los buitres alfa: “The Washington Post” e invita a su par, “The New York Time” y a la CNN entre otros al festín; y no es por solidaridad, es para devorar lo antes posible a la presa. También le hacen el juego a los belicosos que necesitan a un enemigo y no cesan de provocar a los rusos. En una campaña que viene con marcado paso desde la administración de Obama en un constante regaño y desautorización pública a todo lo que hacen por allá. Trump ha mostrado cierta empatía hacia ellos y tiene un sentido práctico del real enemigo del mundo. Esas cosas “locas” del ya no tan nuevo presidente no le hacen gracias a todos esos guerreristas y recalcitrantes que saben a ciencia cierta que los rusos no están “cogios a lazos” y que las vainas que se dijeron allí la saben también ellos de primera mano y desde hace rato.

De todas formas, con un mundo tan convulso e inseguro como el de hoy necesita de un presidente norteamericano sosegado trabajando con todos y para todos y a una prensa libre, veraz y responsable con la información. De criterio editorial objetivo y no consecuencias de las vísceras con acceso a un teclado. Que la defensa a ultranza se por la verdad y no de mezquina impunidad. Que se penalice el linchamiento mediático que se ampara en supuestos o en Fuentes protegidas en una reciprocidad equivalente del medio y su proveedor. Y para cuando, entones habrá desaparecido el temor a la Censura actual de la desinformación, las medias verdades y la parcialidad, y los periodistas dejarán de estar “entre los seres más deshonestos del mundo” como lapidariamente los ha clasificado el propio Presidente. Y eso será bueno, muy bueno. Mientras tanto “The Washington Post” apuesta por el Bruto que apuñala al Cesar Trump, jugando a seguir la saga del folklorismo: el primer negro presidente;  la primera mujer casi presidenta; el primer presidente sin mañas políticas y el primer presidente sacado a patadas de la Casa Blanca. Y esa última no es buena para nadie. Al menos es Mi manera de ver.

 

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