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No me queda de otra que disculparme: he escuchado mucho de ti y te he buscado, no creas que no, pese a no entender ni pio te he buscado ¡Pero, cómo iba a dar contigo! Si hasta por coreano te daba, Sí, porque asociaba a “Jesús Coming Soon” a la transcripción romanizada de los apellidos de esas gentes ¡Que despiste!

Pero ya di contigo. Aunque lo cosa es con tu papá, te cojo como recadero; porque con él no hay quien se empate: Dile a él –a tu papá- no ha sido el único que se ha metió a brujo sin conocer las yerbas y que por eso creo entenderlo. Seguramente cosas de juventud fueron las que le dieron por esa vaina de Creador. “Ná, tu va vé que eso es pan comío” sé que lo pensó. También quiero creer que las cosas se les fueron de las manos y que ahora no halle donde meterse ¡Pero coño, pero dile que dé la cara!

Que se puso a crear el universo como si eso fuese coser y cantar, eso ya lo sabemos. Que lo de las estrellitas y la Vía láctea le quedaron chulísimas ¡Y de las lunas llenas!, ni hablar. Ya aburrido de jugar con fuego y fusiones dejó a la tierra refrescar y se asombró lo linda que se veía el verdor intenso lindando con el azul de los océanos. Tal fue su fascinación que se propuso a crear la Vida; y le parecieron insuficientes los organismos unicelulares y probó con cuanto bicharraco se les antojó hasta que un día amaneció con el mundo lleno de unos animalotes torpes, poco agraciados y devorando sin distinciones a todo lo que se le cruzase en su camino. Pregúntale a tu padre quien le sugirió la idea de un meteorito para resolver el problema de los dinosaurios, y de la congoja por destruir tantas cosas lindas que había creado. Fue bueno –porque al mérito hay que reconocerlo- que se repusiera y comenzara prácticamente desde cero y que los animales en todos sus tipos y colores poblaran los bosques y llanuras de todos los colores y tipos.

Pero, como de tal palo, tal astilla tropezó de nuevo con la misma piedra: creo a los hombres a su imagen y semejanza. Y estos,  en menos tiempo que los aparatosos saurios ya tenían al mundo patas pa’rriba; ya no era cuestión de apetito y voracidad, había aparecido la avaricia y la envidia. La filosofía de que el fin justifica los medios le dio al sapiens el gen de la maldad, que en la evolución de la especie exitosamente logró mutar y aliarse con sus consanguíneos de la ambición y la hipocresía. Ya el mundo no tendría arreglos a pesar de tu primera llegada –que dicen las malas lenguas y la mía que no es buena: que la tal llegada no fue otra cosa que un “envolvencia” para que la “Doña” no se enterara que había un muchacho regao-. Y También creo que responsabilizarte a ti por la culpas de todos y que nunca tu padre asumiera la responsabilidad me parece cuando menos una mariconá contigo.

Sé que te da pereza volver y que todo siga igual; por eso quiero que le des el recado al chapucero ese que se las da de Creador: que tiene que hacer algo para arreglar el mierdero que armó y que por muy escondido que esté lo va a alcanzar la polución, que frente a su nubecita con vista al mar pronto tendrá un vertedero de tarecos en libre orbita y de chátaras espacial. De que si ya se han sobreexplotado los recursos y no hay maneras de conseguir otro meteorito para acabar con la humanidad ¡Que es lo único que tienes que hacer!, que al menos comience extinguiendo a los periodistas; pero que haga algo. Al menos es Mi manera de ver.

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