Supremacía

Hoy vuelve a los escenarios el teatro de los “supremacistas” y por antonomasia, del racismo. Pero el supremacísmo/racismo va más allá de un estilo de vida, una postura moral o una tendencia ideológica; es un  fenómeno social armado desde las individualidades congénitas de cada persona y la irresponsabilidad de los agitadores. La opinión pública –que reitero: puede ser de todo menos pública y sí, un privilegio de alguien con acceso a los medios masivos de comunicaciones de exponer sus pareceres o lo que suele ser peor: los pareceres de quienes le pagan- pretenden encajonarlo en una minoritaria porción de la mayoría poblacional de origen europeo que fundamenta sus acciones en el credo, en el convencimiento de la superioridad sobre las demás razas -¡Ojo!, aquí, en los Estados Unidos; porque en Europa, donde todos son rubios, casi albinos y transparentes se han hallado la manera de discriminarse, despreciarse y matarse desde el primer día que comenzaron a ser “civilizaciones”- y apuestan por la defensa de la pureza de la raza Blanca y su espacio vital.

Ayer, en un arranque de viseras decía de que no tenía muy claro que los supremacistas fueran (o son) superiores; pero hoy pensando en supremacías llego a la conclusión de que no solamente es la “paja” de cuatro blancos -generalmente gordos, feos y desaliñados- los que pretenden imponer su pedigrí:

Los afroamericanos, para denominar a los Negros de este país: una minoría étnica de la estructura poblacional que apenas alcanzan el 13% -según mi asistente Wikipedia- pero que tienen un impacto exponencial en la sociedad, porque aporta la mayor parte de la población penitenciaria de la Unión, el mayor índice de criminalidad y la mayor comunidad dependiente de la Asistencia pública (que pagamos usted y yo). Por tanto: sí todo es mayor, mayor y mayor; estamos ante un fenómeno de supremacismo: la de un segmento de la sociedad, inadaptados sociales en su mayoría, vividores de la renta vitalicia de la condición histórica de sus ancestros y por tanto: partidarios de la supremacía del parasitismo y la marginalidad.

Ahora, si usted piensa que yo soy un hijoeputa racista, no está equivocado, pero cuando tenga un rato con usted mismo, recura al mero recurso de decantación: no todos son así, obvio, los que no son así son como somos los demás; que las estadísticas las hacen los Blancos, puede cuestionarlas porque seguramente están parcializadas e intencionadamente exageradas y que las cámaras de vigilancia los muestra a ellos -a los negros- en una proporción, repito exponencial con respecto a su incidencia en actos delictivos, puede que tengan “filtros” ¿Pero sus ojos? ¿Qué ven sus ojos? Apuesto que es lo que su lengua políticamente correcta no dice.

Los hispanos, latinos. No sé cuál es la correcta, pero de todos modos, en su uso, ambas son aceptadas: somos, apenas un poquito más que los Negros y mejor mano de obra. Llegamos en busca de oportunidades y solemos, con las glorias olvidar las memorias. Queremos imponer nuestros malos hábitos y las mañas tercermundistas en un país donde tenemos las oportunidades de crecer; pero más que crecer alimentamos un absurdo rencor nacionalista y la estúpida creencia de que a nuestros vástagos debemos inculcarles la roña hacia los ‘explotadores” que nos han cambiado la vida para bien. Y como buenos observadores aprendemos de los Negros a vivir como víctimas y a cada cosa y en cada caso a vendernos como relegados por nuestra condición. Repito lo de Condición porque es la que nos da la ventajosa posición de inferioridad. Pero en la desigualdad hay un grupo que nos aventaja en número y estupidez: los mexicanos, que monopolizan la televisión hispana e imponen su Guadalupana, sus novelones y su futbol y a quienes sólo les interesan sus connacionales y se pavonean de su nacionalismo (que otro eufemismo al racismo) en detrimento de los demás. Esa es la supremacía de “la raza”.

LGBT: siglas de una comunidad rechazada, víctima de los excesos y abusos de las sociedades y sus instituciones hasta hace muy poco. Todo, por una condición personal de cada cual y que los estudiosos han denominado “la orientación sexual.” Sin mayores efectos patológicos como lo pudiera ser el color de los ojos, el tipo de cabellos o la estatura. Su reconocimiento lo creo un logro de la evolución de la especie humana y un halito de justicia y por qué no, un acto misericordioso partiendo de la premisa de: “que Dios nos dio un culo a cada cual” y por tanto, el privilegio implícito de hacer con el lo que nos parezca en ganas. Y la bronca se ha ganado y con ello la homosexualidad dejó de ser una enfermedad o una aberración moral, y con la aceptación social se viene la envestidura de derechos y la reparación en lo que se pueda de los daños que ha ocasionado el rechazo y la intolerancia.

Pero creo que hemos pasado de lo sublime a lo ridículo, como reza la sentencia popular cuando nos movemos de extremo a extremo; y si antes eran vilipendiados hoy la politiquería y lo “políticamente correcto” le dan dado a la homosexualidad la virtud del mérito y en el coraje de “salir del closet”, el par de un pergamino académico. Ensalzan a los Rickys Martins, a los Eltones Johnes como padres a imitar cuando nos los muestran exhibiendo a sus “hijos” como trofeos, comprados en el mercado de “vientres de alquiler” o fruto de los “embarazos subrogados” -otro eufemismo- que explotan la ignorancia, la pobreza o lo que es peor, la usura de vientres portadores. Y miren como desde el anonimato de ayer han mutado a posturas supremacistas también. Como si los demás fuesen unos “cheos” o fuera de moda.

Y la lista puede ser interminable: cristianos, evangélicos, capitalinos, sureños, mediterráneos y cada cual que tenga una Condición que preservar, que proteger o que ufanarse. Por tanto, para concluir: Los Blancos que desfilaban gritando sus consignas y estupideces, lo que menos parecen es superiores; pero tienen derecho a “expresarse”. Los ciudadanos “ofendidos” (que fueron allí a ofender) tienen derecho a ofenderse; y que de hecho también se expresan y utilizan sus derechos para ofender a quienes no les parecen, deben saber que este país, imperfecto aún le ofrece a todos sus oportunidades ¡Ah! Y deténgase a observar de qué bando están los que usted y yo les pagamos los food stamps; sección ocho; wiki… Al menos es Mi manera de ver.

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