Cuba libre o cubalibre.

Compartiendo con un amigo peruano y hablando de tragos de nuestra tierra, caímos en el Cubalibre. Él me cuenta: que su vecino, un viejo cubano asegura que antes se tomaba ron o cerveza; de que eso son pajarerías de las películas y cosas de la gente de la capital y acota –el vecino, con toda su historia, sus razones y la característica ofuscación política-ideológica del “exilio”- que eso es un invento del comunismo y de los Castros, que lo han “cambiao tó”. Y en parte tiene razón: el individuo medio no era de tomar “traguitos preparaos” y concebían el “palo” fuerte y abundante, sin las mayor mueca posible y el sonido gutural de “satisfacción” cuando bajaba quemando el guargüero. Aunque no común en el menú de la barra de la esquina y menos en la bodega del barrio, el vecino se equivoca creyéndolo de “ayer”, cosas que se inventaron “losotros” días, porque Cubalibre de hoy es un coctel contemporáneo al siglo XX. Que nace en el bochorno estival del 1901 ó 1902. Cuando un oficial de las ya fuerzas de ocupación norteamericano en la Isla caribeña -una realidad premeditada en la tesis de Quincy Adams: “…la fruta madura y el consecuente estado gravitacional de Cuba una vez separada de España…”, formulada una pila de años antes y que demostraba que el oportunismo de Estado debía ser una formula ética de las relaciones del naciente imperio con el resto del mundo y la virtud del taimado, su paciencia- le pidió al barman, por allá, en las vueltas de La Habana: “que le mesclase el mejunje de un boticario devenido en la bebida refrescante más conocida del mundo, la Coca cola con el insuperable ron Bacardí: un ron elaborado –de verdad- con la selección de los mejores alcoholes, de las mejores zafras. Y que asevera, lo que hoy tildamos como ‘leyenda urbana”: de que el ron santiaguero tenía ese “don” especial por las vibraciones del “tren” sobre el “smooth” de las barricas. Cuenta mí abuelo “Wikipedia Salgado” que sólo necesitó una tapa de limón y par de “cubitos de hielo” para brindar por ¡Cuba libre! Y no es por cuestionar al abuelo, lo que no me queda claro es lo del hielo; existente para la fecha, pero nada común. Aunque con hielo o sin hielo, es intrascendente.

En la España de nuestros amores, en la madre patria el trago le suena como patada en el culo. El imperio “donde nunca se oponía el sol” llegó a ser una “balsa de estúpidos” que no miraron más allá de sus petulancias. Siguieron sus broncas entre monárquicos y republicanos ¡Y peor!, los que no eran ni uno ni otro; terminaron siendo todos los mismos. Asesinaron a Prim  y a otros más y “subieron a las redes” cosas feas de la monarquía ¡Que desde entonces,  viene sin servir pa’un carajo! Pero nunca atendieron a sus joyas del Caribe. Hasta que les amaneció nublado y con un acorazado “amigo” y lleno de negros hundiéndose en la más linda de las bahías, En La Habana. El “Maine” fue la congoja nacional, la destemplanza y el luto por mucho. Hasta que los cereales provenientes de muchas partes mitigaron la hambruna en el otrora imperio; pero sólo se ponderó la ayuda de los Estados Unidos a Franco –hasta  arrimarlo a este lado en la Guerra fría y sacarlo de la censura fascista-. Con el trigo de Wisconsin llegó el “olvido de Estado” (sí, porque si hay terrorismo de Estado; debe haber olvido de Estado también ¿No?) y se taparon las vergüenzas y se recontaron las historias hasta que ninguno –o muy pocos- de los hoy “europeos comunitarios” saben que una vez los ‘ibéricos” de la península rancia y pueblo sin futuro pusieron los muertos y dieron la cara a la humillación de la derrota; a la de un imperio como nunca se había visto en la historia: “… en apenas par de semanas, España perdió lo poco que tenía: -que valía la pena- Cuba, Puerto Rico y los territorios del archipiélago filipino, pero que era una gran tajada todavía. La democracia llegó a España, el estado de derecho y el prestigio internacional. Pero siguió siendo un tabú la pérdida de Cuba. Todo lo perdido dolió; pero nada como Cuba.

Cubata, le dice Sabina y los españoles a éste trago. Y que su nombre marca una desconexión natural con el pasado, que desconocen o procuran no recordarlo. Decidieron pasar la página y seguir hacia adelante; aun así, siguen “desmoronándose” mientras, su testa erguida no les deja ver los que pisan sus pies y siguen como en antaño: no atinaron a buscarle la mejor de las soluciones a la Cuba casi perdida, hoy no aciertan con el independentismo doméstico y creen que cobijarse en las faldas de la OTAN y provocar a Putin es mérito; que sus acorazados –como les llaman a sus tanques de guerra- patrullen en los países bálticos les dan protagonismo en el “contexto de naciones”. Pero se les escapa Cataluña –mientras los demás miran para imitar el derrotero independentista- y los corroe la corrupción. Así y todo: esperan el desenlace con un “cubata” confiando de que al reino de España no lo queda más que perder ¡Qué paja!

Para nosotros, los cubanos de “afuera”, es una manera de parecer civilizados. De que nos “va bien” y nos inmortalizamos en el “selfy de la vitilla”; pero no más, ya puertas adentro le vamos directo al “estrai” para calmar la sed de nuestro alcoholismo que nos cuesta  reconocer. Para nosotros, los cubanos de “adentro’ se nos hace una manera de alargar el trago de la “especulación” en una rutinaria noche de no saber pa’donde tirar y pocos recursos, so riesgo de que termine en un caldo aguado imbebible, pero con buena pinta. Y la envidia que provoca el “selfie” espabila al sueño copiloto de “algún día”; y ese día se la desquitará con  uno de verdad, uno “con todos los hierros.” Es el consuelo musitado entre dientes.

En el mundo de los artistas plásticos –que generalmente solo prima el componente plástico- hay una vaina que le llaman “Performance”. Que es la “técnica” de poner diferentes cosas y objetos y esperar a que se aparezca un Crítico o Curador a explicarle al espectador como el creador (¡Parece que un problema congénito de “creadores”!, sino mire al mundo) con un tenis desabrochado, un biblia bocabajo y una catalina de bicicleta “eleva su voz” contra de la violencia de género y la intolerancia machista. Y que nosotros pa’no parecer guajiros, exclamamos ¡Genial!

Todo esto le cuento porque: mi yerno me comentaba de un artista plástico -en La Habana- representó al Cubalibre en una de sus Performances con una botella de Coca Cola -original, de la que tiene “cintura”- vacía y una inexistente, también vacía botella de ron Bacardí. Y me pareció más explícitas que subliminares las “intenciones” de tal artista a pesar que no comulgo con el mensaje taimado o ambiguo Arte político, militante o comprometido. Pero me pareció que es representativo del estado de un Estado en involución que no encuentra cómo salir del atolladero de la “revolución de ideas” y apela a la técnica del almiar entre los “líderes históricos” como recurso de preservación, sosteniéndose unos con otros apretados, hasta que caigan como el trigo maduro, por su propio peso, desprendido de su vaina y dejando que la muerte, al menos les libre de responder por ¡Setenta años  innombrables!, como ya ocurrió con el hijoeputa que reposa en el pedrusco.

Un Cubalibre; mil razones e historias detrás del trago y contadas a sus pareceres ¡Y una Cuba! Que volverá a ser más o menos libre algún día, seguro que sí; pero lo que me preocupa es que no vuelva a ser Cuba un día de éstos. Al menos es Mi manera de ver.

 

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