Ciclones, ciclones y terremotos.

Pareciese que los ciclones y terremotos fuese un sacudón; un llamado a la cordura. Pareciese que si sí y que cumplió su cometido; al menos por unos días: hiso falta que se anegara media Texas para que quedara a un lado el revisionismo histórico que pretendió derribar cuanto símbolo no le acotejase al vulgo, a los desaprensivos que reciben más de la sociedad de los aportan ¡Obvio! Secundados por los políticos oportunistas que ven en los que viven y lucran por su condición la futura reelección. A fin de cuentas, hicieron más por esta nación Jefferson Davis; el general Lee y tantos otros que junto a su bandera confederada marcan la historia y simbolizan la reconciliación y la apuesta a pasar la página; como sabiamente ocurrió para zanjar rencores y revanchas: haciendo crecer a una gran nación con futuro y en paz. Hasta que un día amanecieron amotinados los afrodescendientes; “ofendidos” para terminar reivindicando el privilegio por la horrible condición de sus ancestros a no ser iguales a nadie en su reclamo por igualdad. El propio Colon se vio en aprietos cuando la voz negra que le susurra la almohada al alcalde Nueva York le dijo que el almirante de la mar océana era un racista. Realmente no sé en qué paró eso, porque comenzaron a soplar otros vientos.

El corre, corre de los fenómenos naturales y a juzgar por el largo silencio, dejaron en entredicho los desmanes de Maduro en lo que parece más bulla de los editorialistas incisivos que las nueces de la realidad venezolana. Los presentadores de la televisión se olvidaron de los Opositores y zarandeados por el viento, metidos hasta las rodillas en el agua del sainete “del compromiso con la información” obvian lo acaecido en el mundo por lo que genera más rating en el momento: los vientos huracanados y hay que aprovecharlos. En tanto que a Trump no le quedó de otra que compartir protagonismo con otros nombre del vecindario, que incluso le ganaron en notoriedad al aparecerse ante la propia Asamblea de las Naciones Unidas. Cual guapetón de barrio, el ya predecible presidente dejó su impronta al meterle un “agitón” al chino de Corea; aunque en honor a la verdad, el “narra” no se dejó pasar el pie y siguió con su vaina de los cohetes. Quizás le cueste más que a otros ver la realidad de la correlación de fuerzas, de que cada día son más quienes le pierden el miedo a la superpotencia y para avanzar se necesitan frentes comunes y eso se logra alrededor de una mesa de negociaciones.

No todo el mundo, obvio. Porque desde la España que se despedaza llegó el presidente Rajoy, quien ya venía con la tarea hecha: rompió las relaciones diplomáticas con Corea del norte, con la expulsión de su embajador en Madrid -sin consulta alguna con sus socios de la Unión europea- logró la peculiar sonrisa de boca apretada del secretario Tillerson. Aun así y necesitado de congraciarse con el mandatario gringo, todo le parecía poco y llego a la Casa Blanca prometiendo “subir el tono” si hubiese que subirlo para solucionar el lio de Venezuela y haría lo que hubiese que hacer para que el vozarrón de America First defendiera la unidad de España ¡Y lo logró!, pero hubiese querido que el regaño a los catalanes fuese más enérgico.

También vuelve a los titulares el caso de la agresión sónica a los diplomáticos en La Habana. Saturados de techos volados, escombros, derrumbes y tendederas eléctricas en el suelo volvemos a nuestras andanzas mediáticas. Hablan los expertos -siempre expertos- de la gravedad del problema y se apresuran en tomar las medidas. Se documentan los casos de los perjudicados y se retira a la mitad del personal diplomático en la Isla. Se alerta a los “ciudadanos” sobre el peligro de viajar a Cuba y se pone en marcha una de las industrias más eficaces de este país: el miedo. Y habrán quienes no escuchen ni un cañonazo a dos pasos y de desvelaos desde hace par de semanas y más temprano que tarde, las victimas declararan ante el Congreso… La posibilidad de que todo lo poco que se ha avanzado en cuanto a normalizaciones de las relaciones retroceda en fin de cuentas no es peo que rampa calzoncillo. Lo preocupante es que se use como argumento para tirar más de la cuerda que estrangula a Cuba.

No es paranoia, la supuesta agresión que tiene tan poca veracidad y es tan absurda como el bombardeo químico en Siria de meses atrás y que justificó la respuesta de Washington por “la masacre a la población civil” como el más reciente episodio. Por tanto no es descabellado esperar lo peor y que Trump escuche a los expertos. Y si bien Rajoy, quizás no lo conozca, como seguramente la mayoría de los españoles no lo saben; nosotros ya tenemos la experiencia de una excusa llamada “Maine”. Al menos es Mi manera de ver.

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