¿Exilio en decadencia?

Viendo como se le va dando el juicio al senador Robert (Bob) Menéndez y el hecho de que un montón de cargos no les fueran desestimados ponen en dudas su integridad. Pareciese que su impecabilidad como servidor público tiene de «dálmata» y que su carrera política está haciendo agua y me embarga, realmente una sensación agridulce porque también me arrastra el Exilio en su “prurito chovinista” -¡Obvio!, del nuestro- y fanfarroneo enumerando a los tantos representantes cubanos en la cresta de la pirámide política de éste país. Y en ocasiones, abacorado entre otros arribados, ordinarios y comunes inmigrantes; a los que no les alcanza el linaje para “exiliados”, recurro a la pamplina del inventario de éxitos de nuestra gente: ya excluyo a tantos legisladores, porque seguramente fueron los primeros en tirar al ruedo; pero cuento de científicos, millonarios, generales, CEOs, etc., etc.

Agrio sabor al constatar de cómo cambian los tiempos -a Venancio y a todos- y de cómo van perdiendo músculos los cubanos. El ponderado, malcriado y emprendedor Exilio cede ante el empuje de los nuevos inmigrantes. La proliferación de “business” de las primeras camadas de nuestros arribantes llegó a desplazar a sus antecesores, dejando la impronta del “qué bola” (*) en calles y avenidas de punta a punta, de barrios enteros y hasta de ciudades “fundadas” alrededor del progreso de los criollos. Aupada -la Comunidad- por la sociedad norteamericana y el establishment les dieron su venia por razones políticas a quienes habían enrumbado hacía el Norte por mero desplazamiento forzosos, saliéndose del cliché “en busca oportunidades” –que también era valedero-. Esa gente traía otras motivaciones y su razón para buscar representación y tener voz en el primordial ente legislativo de este país; donde se toman decisiones que pueden ser universales por puntuales razones domésticas. No sé si algún grupo de inmigrantes, de primera generación haya logrado tal hazaña y tanta influencia en la vida parlamentaria en los Estados Unidos. Pero los cubanos lo lograron.

Tal parece que el factor generacional -por una parte- ayuda a la progresiva pérdida de protagonismo político y económico. Y lo creo generacional porque los «padres fundacionales del Exilio» arribaron con la estampida que precipitó el propio Batista. Llegaron con algo de capital a buen resguardo algún que otro previsor y literalmente: con una mano delante y la otra detrás otros muchísimos; pero todos a trabajar. Aunque el verdadero Capital fue: emprendimiento, experiencia y DISCIPLINA. No se amilanaron en ninguna de las incontables dificultades y triunfaron mientras encaminaban a sus vástagos en la superación y les afincaban las raíces aquí. Pero esos vástagos hoy llevan la cubanía como su herencia folclórica dentro de la «american way of life». Híbridos tiran a su medio natural y se deslindan de los negocios familiares y relegan a segundos planos la bronca anticastrista y las ambiciones políticas; demostrando que son motivaciones distintas de  generaciones diferentes.

La otra parte del fenómeno -¡A mi parecer!, es el factor social-humano: si hablamos de que los «viejos de antes» más que nada trajeron empeño, experiencia  y sobre todo disciplina; los cubanos que fueron llegando a goteo ¡raras veces! La socorrida relación entre la regla y la excepción comenzó a mostrar un comportamiento inverso. No voy a referirme nuevamente al síndrome de los Marielitas ni del “gancho al hígado” al Exilio -lo comenté en «Marielitas y balseros»-. Pero, quienes llegamos luego nos ha costado mucho trabajo la conjunción de esos tres factores. Venimos formados en  la desventaja. Traemos encima a una sociedad  de progresiva devaluación y de una economía autodestructiva: la disciplina, forjada con la perseverancia y la paciencia para alcanzar una etapa sólo cuando se haya salvado la previa nunca tuvo patrón de imitación ni estímulo de contagio. La competitividad, que es la ley del mercado que determina quienes sobreviven en la puja -a pesar de haber espacio para todos- resulta no más que un mero concepto de ficción entre consumidores de piltrafas en lidia desigual contra un mundo de excelencia competitiva. Y con el equipaje sobrecargado de excusas y justificaciones nos cuesta mucho trabajo seguirles el paso a los otros competidores ¡y qué decir! Si en la pretensión de mantener el liderazgo de la comunidad cubana contamos con: los  arribados en busca de libertades y que tantos, merecen estar presos o de los fatuos y perezosos buscadores del paraíso que recalaran en la Asistencia social.

Los protagonistas del “éxito” son por excelencia los políticos; el mundo gira a meced de sus decisiones; a la expectativa de sus convocatorias y son pasto de la atención mediática. De eso también hemos presumido: de tener tantos como lo bien que nos ha ido. Legisladores siervos o reflejo de su lobby patrocinador, pero que pierde fuerza con los nuevos tiempos. El discurso monotemático del anticastrismo tiene cada día menos auditorio y las muestras de empatía o solidaridad de otros sectores de la población han caído cuando menos en la indiferencia.

Las dificultades actuales del Senador también nos atañen. Todo apunta que el desgaste de este juicio acabará con su escaño senatorial. Ya Ileana Ros-Le… ha manifestado su decisión de retirarse y entonces nos quedarían algunos representantes de “medio pelo” como Diaz-Balart –tan patán como su hermano mayor, pero sin su personalidad- Albio Sires, una mera butaca ocupada y el cacareado Marcos, que de rubio no tiene un pelo y abocado a una efímera carrera política y posiblemente alguien más que no conozco.

¿Y a mí que me importa?, sería si no la dulce, al menos la indiferente sensación con todo los que nos pasa. Una balsa de representantes y senadores arrimados al más visceral odio, defendiendo la ‘democracia” al puro estilo del Exilio, donde tienes la libertad y el derecho asistido de sólo pensar como ellos. Y es justamente, Menéndez el meridiano entre tantos recalcitrantes quien está en dificultades y no es que disfrute de sus tribulaciones, pero: ¿Me sirven para algo alguno para a mí? ¿Han hecho realmente algo por Cuba que no sea lucrar y vivir de la coyuntura? o ¿Sí en su democracia que tanto pregonan habría tolerancia a mis pareceres? Lo dudo, y aunque son especulaciones, apuesto a los No como respuestas. Y de que perdemos terreno, lo perdemos. Al menos es Mi manera de ver.

 

(*) Si de algo se preciaba el cubano de otros tiempos era de su proverbial hipérbole en su decir y actuar; ajeno a la irreverente vulgaridad de hoy.

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