La necesidad de decir las cosas como son.

Dice Facebook que esto lo escribí el 24 de septiembre del ’14:

Confieso que nunca he sido amante al cine cubano, porque independientemente de la mordaza a la creatividad y la censura al concepto, los cineastas se fueron conformando con las sutilezas y en una que otra puesta, a soltar frases alusivas al contexto nacional como «esto es una mier…» o aquel músico o artista, un mulato de muchas trenzas, que en arrebato de ira gritó «me voy pa’la pin… de este país de mier…» Y lograr en murmullo en la penumbra, y a la salida el cuchicheo de ¡viste, apretó! Y al final la obra de arte se convertía en meros conflictos mundanos de individuos que siempre teníamos por realización: tener algo que los demás no tuvieran o el persistente sueño de salir al extranjero. También se utilizó como vitrina para unos desnudos y templetas, generalmente de señoras y maduritas con necesidad de demostrar que aun tenían las carnes duras, y en ese desatino cayeron grandes como Deysi Granados, Susana Pérez, Mirtha Ibarra o la insuperable hembra Nancy González, que resultaron ser lo valido de la «obra». En el contexto social lo que no se desarrollara en La Habana, es una apuesta segura a lo absurdo del habitante del «interior»; del drama en la Capital se polariza a la chusmería del solar, con la plebe sin camisa, matándose por una partida de Domino o al inquilino de una fastuosa vivienda, con vehículo en el garaje, tomando Cabernet y escuchando a Bach o Mozart. Y a mí me pasa, que no me siento identificado con ninguno ni con los escenarios estereotipados y llego a la conclusión que Don Francisco en Sábado Gigante, es un genio.Principio del formulario

Y hoy vuelvo al cine y de paso, les invito a que la procuren y vean a «Santa y Andrés» -que por suerte no tuve que pagar ná-. Es una película cubana censurada allá; sé las razones porqué la prohibieron, obvio; pero la llamada película no se sostiene en sus propios pies. Véanla y comprobarán que estéticamente es un bodrio, se esmeraron en tomar las locaciones y las fotografías más horribles que he visto. Claro está, un hecho deliberado dentro del grotesco escenario que presentan el drama: una película que trata sobre la relación entre un maricón escritor y disidente y una humilde trabajadora rural. La historia tiene más ganas de contentar a externos que de drenar un testimonio en una obra creativa; pero para lograrlo no se puede descontextualizar los hechos y recurrir al absurdo como clímax dramático. Me imagino que Lechuga, Carlos Lechuga tuvo las pretensiones de que el espectador sintonizara con él; pero cuando se pretende reflejar a la gente común y acusar compromiso con la verdad, no se puede recurrir a los estereotipos y a los absurdos. El director posiblemente no hubiese nacido cuando se desarrolla el relato, sin embargo, aseguró en una entrevista que: “…había estudiado y se había documentado…” y terminó mencionando a Reinaldo Arenas. Es obvio que aquí hay “más música de oído” que otra cosa. Aunque también estoy viendo que la película tiene un co-guionista, y a juzgar por la foto, él tiene una bola de años, por tanto, el que embarcó a este muchacho fue Eliseo Altunaga; el que ostenta el titulo de “Decano de la catedra de guion… de San Antonio de los Baños”. Pero ya si es toda responsabilidad de Lechuga que los actores no tuviesen ni el más mínimo acierto. Maricón churroso, uno sólo: Rafaelito siete puntos, los otros cinco millones que he conocido tienen como factor común: la pulcritud, la organización y el buen gusto para su entorno. Éste, nada que ver. Ninguno acertó con el peculiar modo de hablar de la zona donde se desarrollan las escenas, los santiagueros son inconfundibles sólo con abrir la boca. Otra pifia absurda es la caracterización de simples obreros de una vaquería como paramilitares y con facultades de Gestapo. Lechuga tú has conocido a todos los hospitales de Cuba hechos mierda; pero el otro, el catedrático te pudo haber explicado que en el ‘83, la Revolución se pavoneaba de sus escuelas y de su sistema de salud. No sé de dónde cojones sacaste el hospital mambí ese de la película. Debo confesar mi patológica desconfianza con los artistas políticos, porque terminan siendo devorados por su oportunismo. Por sus ansias de demostrarles las realidades, no al vecino ni al coterráneo; sino al finlandés o al kazajo mientras procuran hablar alto para despertar a quienes duermen en Miami.

¡Y mira lo que son las cosas!, también dice el “facebú” que esto lo dije hace un año hoy:

Hay necesidades que son perentorias en el «primer» mundo y que muchas veces ni siquiera figuran en el menú de prioridades de la mayoría de los residentes temporales de este planeta. Y digo esto porque la Oposición venezolana acusa al Gobierno de imitar al modelo de Cuba; pero ellos hacen otro tanto con su par de la Isla. El discurso «contestatario», está condimentado con un racimo de términos de uso «obligatorio», no importa que provenga de un catedrático o iletrado, de una dama de sociedad o puta de arrabal de un médico, zapatero, estudiante o militar retirado. Tras la disidencia cubana van; y tal es así, que no existe una comunidad que se haya especializado tanto a denigrar el vivir del cubano en su tierra, como la nuestra. A banderas de lucha elevamos al Picadillo, al Ceralá, al Camello, a los Amarillos, al fogón Pike y a los «chupameao»; en un auditorio de americanos o europeos fatuos, a quienes las vicisitudes del cubano les resultan ajenas, pero según sus conveniencias políticas, pondrán «el grito al cielo», o al dominicano que vive en Washington Heights, que ve la desgracia del haitiano y se cree bonito para la foto, le contamos al mexicano o colombiano que veíamos muñequitos rusos y por eso no conocimos al Chavo del 8, y de seguro se sienten orondos, porque aunque estén hasta el cuello de la droga, la corrupción, el secuestro y el crimen, pueden ver en directo la gala de Miss universo… Y hay grandes problemas en el mundo, y para nada estoy recurriendo al estúpido consuelo de que mientras la buena suerte llega, hay alguien más jodió que yo, no, lo que veo es que tal como lo hemos hecho nosotros por años, los venezolanos ya nos emulan, todos quieren ser líderes y coger «cámaras», y luego de la ensarta de: narcoestado, totalitarismo, terrorismo, viene el inventario de carestías, y terminan con el papel higiénico, devenido símbolo de las penurias de un pueblo. Y como a muchos opositores que he conocido más que Cambios, buscan Visado, allá -en Venezuela- se preocupan más por salir bien en la entrevista a la CNN o al Le Monde, (y que un cuño en el pasaporte no vendría mal) que de convencer al vecino de sus propuestas y atraerlo a una solución de todos. Cuidado Venezuela porque así esa mierda les puede durar medio siglo, porque salvar a la Patria es mucho más que limpiarse el «culo».

Y sigue siemdo Mi manera de ver.

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *