¡Y Trump también quiere el suyo!

“El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, afirmó este viernes que el desfile militar celebrado por Corea del Norte en la víspera de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pyongyang fue “una amenaza al mundo” y “una más de sus constantes provocaciones”.  Informan agencias noticiosas.

Los desfiles militares o paradas tienen tantos años como los años que tiene la necesidad del Poder de su “Pasarela”: engordar la megalomanía de soberanos y caudillos, mostrándoles a sus huestes en semejante testimonio de subordinación y obediencia ¡Eso, inflarían hasta al tímido! También ha sido vitrina del alarde, cuando se les muestran al vecino sus “hierros”: en lo que aseguran que es un acto disuasorio y que le alejarían de posibles “ideas locas” o para sembrarle la preocupación sobre su suerte. Y la que más conocemos; la de aprovechar la ocasión para tirar a la calle los blasones y estandartes de linajes, méritos y honras castrenses, pasearlas por las principales y emblemáticas vías urbanas en un espectáculo minuciosamente planificado, ensayado y coordinado. Con pases de revistas, con bandas musicales gigantescas y formaciones de soldados de impecable “porte y aspecto”, que marcan un mismo paso en la marcha. Carros de combate, Blindados y armones de artillería, todos relucientes, mientras el ejército del aire se roba a ratos el show con pases a baja altura. No faltaran las milicias, las fuerzas del orden y mucho menos, los veteranos de la resistencia o partisanos, que sellan con su efecto emocional, el vínculo entre el ejército y “lo que hoy tenemos”. Para terminar sacandole al espectador, su orondo ciudadano patriota a flor de piel.

Un desfile militar sería el equivalente a la masturbación, en este caso de la beligerancia. Así de inocua resulta en la realidad. Que no es el caso de las maniobras: donde se ensaya la coordinación entre los diferentes componentes militares en escenarios reales posibles y con balas de verdad. Así y todo, aunque todas esas demostraciones terminan con las mismas estelas de humos, la de los colores patrios por las toberas de sus cazas; su moralidad, legitimidad y consentimiento estaría supeditada al origen de estas naves. Porque no se ve igual si se trata de un phantom, un mirage o un tupolev ¡Y de ahí!, si hablamos: de una provocación o un acto disuasorio.

También han venido a ser -las paradas- en la única actividad castrense de muchos ejércitos amodorrados, que aprovechan la oportunidad para decir: “Eh, estamos aquí”. Hay muchos ejemplos -y que deberían ser todos, los ociosos-, pero voy a referirme al caso de España: que aparte de a un centenar de soldados apostados en Afganistán tienen a otro puñado, patrullando las fronteras de los países bálticos, siempre bajo de las ordenes de un tipo con partida de bautizo en Indiana o Arkansas para darles, un taco de ojo a los rusos, bajo el paraguas de la OTAN. Porque realmente no tienen mas’ná que hacer, que pasarle en par de ocasiones al año por delante del Rey y que les diga: “jodé tíos, que sois unos valientes.” ¡O acercándonos al vecindario!, tenemos a la Republica Dominicana: con un generalato cercano a los trescientos miembros, incluyendo: almirantes y comodoros, en una armada artillada con dos cañones 20 mm -¿Le ayudo en la comparación? Los proyectiles son como las pilas de linterna- y se botan unos desfiles militares ¡Que pa’qué! Enardecidos entre himnos y gritos de guerra, que le provocarian envidia al propio Atila y sus hunos. Masturbación, mera masturbación.

Las paradas militares hoy, en casi todos los países del mundo se realizan; todas corresponden a una fecha emblemática según cada nación: el día de la declaración de independencia es la más común; pero las hay tan significativas como el “día de la Bastilla” en Francia o “de la victoria sobre el nazismo” en Rusia o en fechas tan controversiales como por el “día de la victoria”, la que festejan casi todos los países del Medio oriente y que precisamente marcan sus derrotas en la llamada “guerra de los 6 días”. También suelen darse en más de una ocasión en el año; pero ya con carácter más limitado y sin la parafernalia habitual ¡Y!, el caso del chino de Corea del norte: que se levanta, le gusta como está el cielo y decide: “…que pase por debajo de mi balcón un desfile del Ejercito Popular… mientras desayuno”. Santa palabra.

Por planificados y celosamente supervisados que son, la historia recoge innumerables casos desafortunados en desfiles militares ¡Claro está!, nada como el magnicidio de Anwar el-Sadat, el finado presidente egipcio, ametrallado en la tribuna, precisamente en la celebración “del día de la victoria”, también de sabotajes y actos de terrorismo; pero, los más comunes, son los accidentes absurdos, que han causado muchísimas víctimas y dejado en entredichos y en el ridículo a los cuerpos castrenses.

¡Y Trump también quiere el suyo! Sí, el mismo Trump que cuando llegó a su oficina y se puso a revisar las gavetas de su escritorio -pa’vé que de qué, como dicen los sibaeños- y se encontró con un juguete peligroso llamado “la madre de las bombas”, no resistió la tentación de ver el hueco que haría aquella vaina con  ¡Veinte mil libras! Luego se encargaron los que se encargan de eso, de decir que había sido un duro golpe al terrorismo y que prácticamente había destruido su red de túneles… Porque para botar el dinero, somos nomber guan ¡Y ahora viene eso de un desfile militar en los Estados Unidos ¡Y por qué no!, Si hasta el propio Trump está dispuesto prestar el patio de la Casa Blanca y oír de generales de cinco estrellas, que las tropas están listas. Lo veremos con su mentón elevado y las comisuras de los labios apretadas de la petulancia que disimula el arrepentimiento del puto día que se le ocurrió meterse en esa candela ¡Ah, eso sí! no dudéis que pretenda ver sobre el Potomac a un portaaviones clase Nimitz o a los marinos formados sobre el lomo de un submarino. Porque seguramente la parada será correspondiente al mérito del país más poderoso del mundo y apuesto, de que la idea ya tiene embullado a más de cuatro, porque le viene, como anillo al dedo al propósito de “Make America Great Again” …y le echará una piedra más al pesado fardo de los “gastos de defensa”.

Gastos realmente astronómicos, el presupuesto para el presente año es semejante a la sumatoria de gastos militares del resto del mundo y eso, más temprano que tarde, será insostenible. Solamente el mantenimiento de la flota de portaaviones -que en realidad sólo amedrentan a “pequeños” y que realmente, son una batea suicida flotando en el océano de la guerra del futuro- nos “come por una pata”. Tal es así: que los especialistas achacan los “reajustes” en la galopante Bolsa de Wall Street a las preocupaciones de los inversionistas por la tendencia inflacionaria en mediano plazo, de la combinación de los alivios fiscales y el banquete en el Congreso sobre los presupuestos: donde Republicanos y Demócratas se han servido con el cucharon, aprobando techos de gastos a los antojos de cada cual…

¡Y Trump también quiere el suyo! Y más que criticarlo como siempre, tratemos de entenderlo, claro que le jode: que a Putin le rindan espadas; que hasta a los Campos Elíseos vaya por Macron su ejército; o que, a cualquier pendejo de África, enfundado en trajes militares de tres piezas, atiborrados de medallas, borlas y cordones -porque eso sí, los mandatarios africanos se mandan unos trajecitos que les zumban- y que bajo el abrazador sol de un polvoriento polígono, le rindan los honores que sólo sacia a los grandes ¿Y por qué a mi no?, seguramente se preguntará el pombo, con toda la razón. Pero al que no le quedan claras las cosas es a mí: ¿Será: “una amenaza al mundo”? -una más- o la paja de la “American Way of Life”. Al menos es Mi manera de ver.

 

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