Armas y absurdos.

Por ya folclórico, por recurrente que se nos haya tornado: un día; uno de esos días nuestros de matanzas, nos obligarán: por suplicas; por culpas o por mero instinto de conservación, a decir BASTA. Pueda, que un día, la solidaridad y la congoja por el muerto ajeno sea quien toque a nuestras puertas ¡Y que, para entonces nos resulte tarde! Pero, así y todo, habrá que decir BASTA.

Hoy, familiarizados con el problema; creemos que nuestra fortaleza, como ciudadano o como sociedad, es la capacidad de convivir con el fenómeno y asumimos como valentía, a la “paz interna” que nos procuramos; ante la resignación de que: a la vuelta de la esquina está la próxima tragedia. Y Seguimos con nuestras vidas. Con esas mismas “nuestras vidas” que son el caldo de cultivo natural de los también “nuestros monstruos”, a los que terminamos inmortalizando, no solamente en una escala estadística de psicópatas, perversos e hijoeputas, sino, en el espectro mediático también. Y qué hacer, es la pregunta unánime, mientras demandamos al unísono: regulaciones sobre la tenencia de las armas de fuego sin dejar de culpar al Gobierno.

Y sí, pero no; las cosas no van por ahí, sí de soluciones se trata: en ésta gran nación, meterse con el sacrosanto derecho al porte de armas es que nos golpeemos las espinillas con la maraña radicular de la “Segunda enmienda”, mientras tratamos de cotejar la historia y los hechos, de ese árbol plantado hace dos siglos y pico e incrustado en el ADN y en la piel del americano, americano.

Obvio que no pretendo aventarme -como dicen los mexicanos- de constitucionalista, ni tampoco me alcanzaría mi “erudición” de Wikipedia para diseccionar dicho artículo, les repito: todo lo que les diga, es pura Wikipedia; aquí no hay noches de insomnio ni cientos de páginas echadas a la izquierda; pura Internet; pero veamos:

The 2nd amendment (Right to bear arms): A well-regulated militia, being necessary for the security of the free state, the right of people to carry and maintain weapons, will not infringed.”

 “La 2da enmienda (derecho a portar armas): Una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad del estado libre, el derecho de la gente a portar y mantener armas no infringirá.”

Esto que tanto revuelo causa son apenas par de renglones en una cuartilla -no dice más ná- y fue aprobado por el Congreso el 25 de septiembre de 1789 y ratificado el 15 de diciembre de 1791. Y que forma parte de un “paquete” de las primeras diez enmiendas de la Constitución, llamada “Bill of Rights”. O sea, de la Carta de Derechos estadounidenses, que es la espina dorsal de la ley fundacional de la nación ¡Santa palabra!

Pero, los tiempos cambian -y no solamente para Venancio-, también para los escenarios históricos, políticos y sociales. Y de ello, se desprende la necesidad de la constante reinterpretación o de la recontextualización de los hechos y de las palabras escritas de antaño también ¡Por qué no! Y tal es así, que por irrefutables que pretendan ser los dogmas y las leyes terrenales: fueron concebidos en un marco histórico y social absolutamente diferente a la realidad cotidiana. Ejemplo tácito: el bíblico “mar de Galilea”, al que Google degradó a mero charco. Y no es que se trate de un roñoso “ajuste de cuentas” entre Google y la Biblia ni de pamplinas de los cronistas de las Santas escrituras; como tampoco ha cambiado para tanto la geografía ¡No! Es solo, a que no se ve igual el mundo sobre el lomo de un caballo o desde la cresta de una colina, que oteada por el lente de alta resolución de un satélite a trescientos kilómetros de altura.

Y la Segunda enmienda le viene pasando lo mismo: el derecho del individuo a la tenencia y posesión de las armas estuvo en el contexto de una nación en rebeldía; de una sociedad en desavenencias con el status quo. Por tanto, me atrevo a pensar que hubo más de conveniencias que de Derecho en la pluma de los padres constituyentes ¿Y estuvo mal eso? No; porque se ciñó a la causa, al propósito y a los tiempos. A la joven nación pronto le quedarían chiquitos sus “zapatos” y para ello: necesitaría de “hombres de bien” armados para defenderse de los salvajes “pieles rojas” que se negaban a la usurpación. El progreso y la expansión hacia el oeste precisaría de la matanza de setenta millones de búfalos, hasta acorralar a los pueblos nativos en las llamadas Reservas; y eso sólo sería posible con ciudadanos blancos armados con revólveres, rifles y codicias, de mucha codicia.

Y hasta ahí: bien o mal, tal legislación tendría su móvil, que debió caer en desuso con la estabilidad de la institucionalidad de la nación. Porque, ya con una estructura defensiva muy bien pensada y el logrado el orden interno, se supondría que quedaría obsoleto tal derecho. Que cualquier “regulated militia” que se precisase se canalizaría a través de los modelos de “movilización de reservistas y voluntarios” como apoyo a los entes de la Defensa. Pero no ha sido así ¡Es más!, en sucesivas querellas judiciales, siempre la Corte suprema ha fallado por la constitucionalidad del porte y tenencia de las armas ¡Pero ahí no para! En cada reinterpretación a las que ha sido sometido dicho artículo, el dictamen se ha ensanchado: al interés o al propósito de las nuevas invenciones desde aquellos años hacia acá. Lo que viene a demostrar, que los furibundos defensores de las armas tienen un lobby influyente y un gremio sin fisuras como si lo adolece el ciudadano reclamante del control, incluso de la prohibición al depender de leyes que no prosperan en las legislaturas.

Y es importante que tengamos en cuenta de que el estado de derecho está regulado por leyes y que por tanto no es culpable Trump de lo que desde siempre ha venido pasando; recordemos las lágrimas de Obama, que no lograron conmover a los legisladores ni animarlos a que hiciesen algo al respecto. Y será muy difícil que logremos tales regulaciones, porque en el estuche de un senador o de un representante te puedes encontrar a: un ser sobornable, a un deudor de favores y gratitudes o a un mero títere ¡Y esos son los verdaderos culpables!, los encargados de hacer las leyes.

Hoy estamos lidiando con el absurdo nuevamente, con el sempiterno dilema entre lo legal y lo justo al que nos abacora la impotencia, siempre nos inclinamos a lo justo ¡Incluso!, en detrimento de lo legal. Y muchas veces con el menoscabo de volvemos ilegales a la par de injustos. Porque ante semejantes hechos; como con las matanzas indiscriminadas que se suceden como eventos cíclicos, lo que nos funcionan, son las “pasiones” y llegamos a desechar a la cordura, hasta caer en excesos. Y ahora, yo ofuscado y necio me creo con el derecho de explayarme en mis absurdos. Solía antes, escuchar la certeza de: “…si alguien, con una piedra se machaca los güevos, ese tipo si está loco de verdad.” Y por descabellado que parece, encierra una verdad absoluta: loco que sabe diferenciar el ay; ay propio del ajeno, tiene mas de perverso que de loco. Loco que usa a su loco para joder a los demás no está loco… y no voy a decir más, porque loco y tó, te puedes imaginar lo que haría con ese hijoeputa; aunque ya sea tarde y el mal esté hecho.

Pero me iré nuevamente a la cama con la duda: de sí serán realmente las armas las culpables o jugarretas mi animadversión, porque las odio. Al menos es Mi manera de ver.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *