Hoy no precisa de titulo

Al mediodía. De aquel horrible viernes; entre los ratos que me dejaba el trabajo, ya había encaminado a mis pareceres sobre la noticia, que en la víspera, sería la del día. La esperada boda real en toda su parafernalia: “de cordones y en cuero negro deberán calzar los caballeros…; advertían sobre el acto de genuflexión, debía estar en la justa medida; que no denotase un mero trámite de formalidad o por el contrario: muy pronunciado, rayano a lo grotesco. Y en el caso de las mujeres, del riesgo al ridículo y verse en situaciones  embarazosas: enredadas entre sus largos vestidos y sus altos tacones…

Así explicaban en una habitual emisora de radio, la vaina de plebeyos en el mundo de la realeza. Aquellas cuatro o cinco personas, desgajaban con vasalla envidia, “la tortura” a la que se someterían los elegidos a hacer bulto en la boda del príncipe Harry con la muchacha de por acá. De momento se interrumpió la disertación protocolaria para darle paso a una corresponsal en Texas: “se está informando de un tiroteo en una escuela en Houston; se confirma que hay varios heridos, aunque no se han confirmado victimas mortales…”

¡Otra matanza en una escuela! Interpeló en locutor líder y el resto de la “mesa de trabajo” continuaron hablaron a la vez, hasta despedir a la informante con la acotación de: mantennos informado (creo que la nombraron: Beatriz). Las expresiones de congoja de los tertuliantes se diluyeron en el suceso de la realeza británica. No le “pararon bolas” -como dicen por allá- a la masacre de los muchachos.

“…a la Reyna se le llama Su majestad; y sí te honrase con un dialogo, te podrías referir a ella como “madan”. Que no le mirarías a los ojos si no requiere de tu atención y es aconsejable estar de espalda a la pared, al cederle el paso a la Soberana…” Así continuó el curso intensivo de cómo defenderse, en los pasillos y salones de la capilla Saint George, en el castillo de Windsor. Confieso que me mortifique, me hirvió la sangre y me pareció una manifiesta insensibilidad. Apagué la radio e “hijaputié” y menté muchas madres. Blasfemé tanto, como me lo permitió el atolladero del tráfico y la rutina del trabajo.

Pero, al rato y con el flujo sanguíneo bajo de control ¡Comencé a darles la razón a los de la radio! A fin de cuentas: éste muchacho es el último parásito real, en entrar por el aro de la cordura. Vendrán otros fatuos y holgazanes; pero, tendremos que esperar varios años, porque ahora están en la fase de adorables niños ¡Y esas,  son noticias!; mientras que nuestras desgracias: “son cosas de a cada rato”. La crónica “cool” de la muchacha del cuento: de la que hizo realidad la fantasía y se casó con un príncipe; la otra es una realidad a la que nos habituamos a regañadientes; pero nos habituamos.

Y créanme, que, aunque no siento el más mínimo temor a la posibilidad de verme dentro del radio de acción de algunos de gatilleros sin sentido –de ocurrirme, el pavor me calaría, como a tantos inocentes- ni de que alguno de los míos sufra de tal suerte, no dejo de preguntarme:

¿A dónde se encamina nuestra sociedad?; y apuesto, a que no lo sabemos ¿Estamos haciendo bien las cosas?; tengo la seguridad, de que no. Y estas respuestas nada tienen que ver con los aspavientos alarmistas de la “industria del miedo” de la que somos clientes. Para nada, es la mera necesidad de observar nuestro entorno, tratando de saber qué coño pasa. Del por qué, somos tierra fértil para monstruos hechos a la medida para una sociedad enajenada y decadente.

¡Lástima!, que mi mente lavada por el comunismo –según el diagnóstico de un tarado de “Mayami”- no logre comprender por qué: el “mi espacio” de nuestros hijos no es “gardeado” celosamente más que si se tratase de Jordán o LeBrón”; del por qué, no les hablamos a nuestros muchachos del “bulin” y de las frustraciones nuestras en sus ahora años y de cómo logramos superar la etapa; por qué no nos afanamos, en al menos hacerle competencia al tutor virtual que les llenan sus cabecitas de confusión y animarlos a que se preparen lo más que puedan, para lidiar contra el futuro, en menores desventajas.

Pero otros, con argumentos tendrán que explicarles a los que ocuparán el mundo del mañana mismito, de que en el planeta que habitamos, ocurren otras cosas; que atañen a la humanidad, más allá del negro mostrando la verga en el “sobgüey”; al taxista asaltado; el estado del tiempo y el tráfico que nos muestran las televisoras que nos “estupidecen” con la desinformación. Que también hay historias, anónimas y cotidianas de gente que “dobla el lomo”, de gente honesta y de autoridades que hacen lo suyo. Que existió una verdad con alto grado de pureza, llamada “a rajatablas” ¡Extinta por el desuso!, en los tiempos de las: “manifestaciones políticamente correctas”; vulgar disfraz de la hipocresía, de la parcialidad y la mentira; pero que aún estamos a tiempo de traerla de vueltas.

Que se tiene que dar la real y efectiva igualdad de géneros; que el machismo es aborrecible y el feminismo, no menos. Que el acoso sexual es inaceptable y deja profundas secuelas psíquicas y morales en las victimas. Pero que no puede ser prerrogativa para putas y actrices desvencijadas con relevancia mediática solamente. Debe incluir también a las jornaleras, las trabajadoras domésticas, a las prostituidas por la fuerza o por deudas de adicciones. A las desfavorecidas por la filosofía de: “quien más saliva tiene, más pinol come”. Debe haber justicia para quienes que no abrieron las piernas para abrir puertas.

Que sea el ejercicio de la dignidad plena del hombre, como abogaba nuestro Apóstol, la pauta de la convivencia y no el subterfugio de la condición social, racial o económica del individuo. Que sean plenos los derechos todos; pero doble, la responsabilidad y el compromiso social de cada cual.

Que del mundo “ancho y ajeno” de Ciro Alegría queda muy poco. Hoy es globalizado y conexo; que estamos al tanto de cada confín. Que no puede demorar más hacer algo por el planeta. Que los eventos tropicales nos están mostrando que ya les alcanzan las fuerzas para incursionar en zonas templadas y que debemos comenzar por proscribir el maldito plástico en nuestras vidas. Que, cada muerto en guerras injustas, liberará exponencialmente su masa en odios y revanchismos.

¡Ojala!, alguien inocule el raciocinio, como antídoto a la enajenación, porque, tengo la certeza que será el golpe de timón que nos saque de éste mundo de absurdos. Y a pesar, de que por ahora, tendremos que recorrer el camino tantas veces trillado: en el que repiten las mismas escenas y los mismos discursos que prometen soluciones y castigos. Donde los mismos presbíteros y senadores arremeterán contra algún culpable; sea de la vecindad o celestial, mientras los magistrados se aferraran a la constitucionalidad ¡Y lleguemos a creerles a estos últimos!, lo de las armas, es un derecho. Pero, como, con eso de la maldad inusitada, no nos queda claro; se nos hace urgente, encontrar la manera de salvar al niño antes que mute en un horrible asesino. A ese adolescente abacorado por las insatisfacciones de su físico, por el rechazo o el desaire de sus semejantes, por la saturación de los conflictos hogareños o por todas las anteriores. Que a punto de estallar con la fuerza de un volcán. Opta “por matar a dos pájaros de un tiro’: terminar con su “mísera” vida y reclamar su “cuota de gloria” en este mundo mediatizado. Tenemos que ser sensibles a los gritos mudos de socorros, de esos atormentados muchachos. Tenemos que prestarles atención a nuestros vástagos y no cansarnos de decirles cuanto les queremos y lo mucho que pueden contar con nosotros. Quizás sea el remedio.

No tiene fecha, para cuando Megan maldiga el día, en que se metió en ese mundo. Cuando su te, en vajilla de porcelana y oro le sea un horrible brebaje incomparable con el añorado vasote de café que le hacia el camino; le será recurrentemente entrañable y cálido el Bronx marginal a cada paso palaciego; bajo la mirada de los ancestros reales o de las obras y personajes de Monet, Van Gogh, Picasso o de uno que otro pintor del patio –que ni ella ni yo conocemos aún-. No tiene fecha para cuando resignada, acepte que: hasta pa’limpiarse el culo, se requiere de una inalterable ceremonia; pero ¡De la próxima matanza!, ya está en carteleras: pronto.

Casi a estas conclusiones había llegado cuando el desbastador segundo golpe me estremeció; otros, que regresaban a casa, tan inocentes como los escolares, tampoco tendrían más oportunidades. Mi solidaridad a tantas gentes, a las que de sopetón se les cambió la vida. Al menos es mi manera de ver.

 

 

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