Las redes sociales y nosotros

Esta vaina que llamamos “las redes”, es el novedoso modo de socializar que  vino a nuestro rescate; a calmar la añoranza de aquellos años colegiales: cuando teníamos todo en el tiempo del mundo para sufrir de cómo nos veíamos por entonces y de estar al tanto de cada uno de nuestros compañeros. Ya resignado -salvo dichosas ocasiones- a no saber de los otros; de perdernos el chisme de cómo les iba a cada cual ¡Y por qué no!, del consuelo, de no ser los únicos: viejos, gordos y machucaos. Sí, porque la vida nos envolvió en sus años y dimos por perdidos a tantos que tomaron caminos diferentes. Cuando dejamos al grupo y se disolvió la “piña” no supimos de muchos jamás; sin sospechas de sus paraderos o apenas rumores de sus suertes. Hasta que aparecieron los redes sociales en la internet, en ocasiones puntuales, por inexplicables analogías trajimos a nuestro presente a tal o cual amiguito o amiguita (y esto nada que ver con la inclusión de “géneros y generas” de los políticos) y terminábamos preguntándonos: qué será de su vida. Después, mucho después volvimos a toparnos, tecnología por medio. Esa, parece ser la razón de su creación, desarrollo y éxito de tal fenómeno y de ahí la dependencia-adicción.

Pero a “las redes” se les apareció un detractor natural: el periodismo. El sacrosanto periodismo: el infame “cuarto poder” que prepara a su huestes en la omisión, la tergiversación y la parcialidad en famosas universidades con folletos de “objetividad balanceada de la noticia” y cuando: alineados a la pauta editorial de los propietarios de los Medios; salen a la calle como “opinión pública” ¡Así de sencillo! Con un profano contendor en la hegemonía de lo que se “informa” dan todo el descredito a lo que publican y opinan simples “redómanos”. Que aun, con un alto grado de falsedad, inconsistencia y superficialidad, pecan de irresponsabilidad subjetiva; nada comparable con la criminal manipulación subyacente o descarada en todo el andamiaje de la prensa.

¡Pero ojo! Que esas mismas Redes que son vitrinas de nuestras existencias, en la que mostramos nuestras carnes duras aún y le damos caricate a medio mundo de lo bien que nos va; también nos deja encueras: más allá de la pésima ortografía; del desconocimiento absoluto de este, nuestro mundo; de la pereza a ejercitar el discernimiento. Cuando, nos saca a flote al “monstrico” o al estúpido que llevamos a cuesta, al dejar que nuestros criterios; nuestras posiciones políticas o ideológicas se explayen vía exprés desde las vísceras al teclado sin hacer escala en los sesos. Mostramos a nuestro diablo de bolsillo cuando nuestro credo sobrepasa la tolerancia y ese combustible de pasiones se nos vuelve en una hoguera inquisitorial y ya desbocados, pisoteamos a la prudencia instintiva ante lo desconocido o de la mera convivencia. Y es que expresarse, más que un derecho es una necesidad vital; pero lo que se dice debe tener de mesura y responsabilidad o al menos, contar con un asidero de sinceridad u objetividad, y siempre: respetando el dolor ajeno y la dignidad de las personas.

Y aunque las cosas que aparecen en las Redes adolecen de toda ligereza e irresponsabilidad; no es obligatorio sumarse a ellas o hacerle eco a publicaciones horribles y vergonzantes. El soez, es inocuo por su incultura y esencia; el roñoso es inmisericorde y se apaña en todo lo que vaya en su dirección, sin recabar en calaña ni ética. El primero (el vulgar) nos salta a la vista, el otro nos seduce en la comunión de odios y nos arrastra en su convite de méritos ¡Horrible!, que personas que conocemos de siempre, precisen de gritar a los cuatro vientos de “cuanto robaron en Cuba” por mera estrategia circunstancial; cuando, inexplicablemente sabemos, que sí de alguna pata cojeo, fue de honestidad ¡O del pedazo holgazán de la Delegación provincial de la Agricultura! Que cuenta como hazaña: de que no “disparaba ni un chícharo” y cobraba su sueldo íntegro y aquí, reclama que también hiso lo suyo. De tantos, a los que respeté y respeto por su integridad, metidos en la modalidad de “corta y clava”, compartiendo publicaciones ajenas. Quizás, ajenos en su euforia ¡Que se degradan también!

Seamos conscientes de que la acotación de Napoleón al tratado político de Maquiavelo: “…el fin justifica, los medios”, es en su esencia inmoral y por tanto no podemos a recurrir a pasajes bíblicos en busca de redenciones. Una mariconá, es mariconá en inglés, ruso o español y que las verdades tiene tantas aristas como intereses; pero debemos ser conscientes cuando son verdades y cuando, intereses.

Debemos ¡Hasta mostrar pedagogía!, para aclararle a muchos de: que es más patria Cuba que Mayami; que el café con chicharos de allá, es por mucho más cubano que el del Versailles Cuban Bakery. A Grego: que sí, mi mente lavada por el comunismo es capaz de otear en rededor; que no se desanime, nunca mejor substrato que la mierda. Sólo cuestión de aprovecharla. Que el avión de Cubana llevaba a cubanos y que no nos alcanza con finalizar el día en bendiciones y encomendándole todas las vainas al tal Amén.

Hagamos un alto en el camino para pensar en el otro, en el más cercano y démosle un trato consecuente mientras recordamos a nuestro Martí, quien sólo habló de dignidad. Respetémonos sí pretendemos a que nos respeten, para luego quedar en libertad de “hacer lo que nos salga de los cojones”; pero aboguemos por la dignidad y el respeto como norma de vida; pero no le haga swing a la bola de trapo. Al menos es Mi manera de ver.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *