Rusia, ignorantes y mala leche

Obvio que: por común, por mero mortal, también estuve todos estos días en “modo futbol”. Disfrutando de las jornadas que pude; porque aparte, de tener la vida asegurada y fortuna, no me queda de otra que «pinchar». Pero lo de Rusia ya es historia, y Rusia hiso historia al botarse una Copa ¡Como pocas! Los rusos se esmeraron y presentaron su mejor cara: lucieron sus ciudades con toda la infraestructura de servicios públicos e instalaciones deportivas impecables. Mostraron sus cualidades de anfitriones y de cómo se toman muy en serio la seguridad y la tranquilidad ciudadana. No les hizo falta vanagloriarse de que no se andan con pendejadas y de que, si tienen que disparar, disparan. Apuntaron con el dedo a las barras bravas y las mantuvieron a raya a los delincuentes domésticos. También hicieron los ajustes pertinentes de viabilidad para aminorar las congestiones y el caos… En fin, que se hizo lo que toda gran puesta en escena amerita hacer; detrás de bambalinas, para que las cosas salieran bien. De ahí, los aplausos. Mientras que: a renuentes y curiosos, no les quedó más remedio, que voltear el rostro hacia allá y ver lo bien que les fue. Porque, ellos –los rusos- aprovecharon su mes, para mostrar al país que no es el estigmatizado por la temerosa Europa cuqueada perennemente por los Estados Unidos a una confrontación.

Desde por acá se envió a un ejército de periodistas, comentaristas, relatores y ex-jugadores devenidos en analistas -muy a la usanza americana-; todos del mundo del soccer -como se le conoce al futbol acá- y que solamente hablan y conocen de esa vaina. Por eso, cuando para los de esta parte del mundo, el camino se tornó cada vez más angosto y muchísimos de los muchos que le dieron cobertura al mundial ya no pintaban nada allá, comenzaron desde mediados de la pasada semana a darse la vuelta. Llegaron  ojerosos y desgreñados; contando lo difícil que les resultó el cambio de horario y cubrir los sucesos en vivo y hacer presencia en los programas habituales de acá y a la hora de acá; pero, contentos con el buen trabajo. Han llegado hablando de las maravillas que vieron por aquellos lares. Esos habitantes de las periferias del balompié, que no tienen ni puta idea de lo que sucede más allá del futbol, cogieron camino a Moscú: con toda la carga negativa de la propaganda vital para Norteamérica de que todo lo malo es de Rusia o culpa de Rusia. En su ignorancia absoluta cruzaron los dedos al arribar: porque la Moscú que les esperaba, no sería más que una aldea grande. En vilo los mantuvo el fantasioso espectáculo de un siberiano comiendose un oso crudo o de cómo actuar cuando se topasen los codos con cosacos ataviados en trajes tradicionales y cananas en bandolera –a la semejanza de Pancho Villa (que nada tenía que ver con los cosacos- al caminar por alguna acera. De gran alivio les resultó, constatar que los rusos no andan en taparrabos, en clara aceptación de ignorancia.

Ahora bien, es verdad que: a esos periodistas -con poco de periodismo- que andan por la vida con la asignatura: “qué pasa con el resto del mundo” ponchá y que conocen el nombre de los países porque clasificaron para tal o cual torneo, se les puede perdonar todo ¡Incluso, la grata e inesperada experiencia por allá!; pero, el “abuso” de piropos a Rusia y los rusos no les es aconsejable y podía no ser del desagrado de alguien tal cual. Y esto lo afirmo porque en el programa “Destino futbol”: el que estaba de vuelta a casa, contaba la su gran impresión que le había causado, de que nunca esperó encontrarse con ciudades del “primer mundo”… Cuando hablaba de los “palacios’ del metro de Moscú, el líder del programa, Marcelo Masanti lo cortó de tajo: -pará, pará y no sigás hablando (pará y sigás, es porque es uruguayo); no vaya a ser, que mañana no tengamos programa-. El programa tomó su cauce habitual; en el ajuste de cuentas: drenando de bilis, despotricando de los culpables; preferentemente de Técnicos y ensañándose sí se tratasen de extranjeros. Pero la jocosa advertencia me recordó la manera que en aquellos tiempo en Cuba aclarábamos: “yo no estaba aquí” cuando alguien, cerca de nosotros decía algo que no sonara bien con la Revolución y que también dejaba la evidencia del temor latente a represalias. Aquí sabemos que usted puede decir lo que le dé la gana, dentro de lo que los dueños de los Medios quieren oír ¡Ojo con eso!

Pero no todos son estos ignorantes inocuos que hablan solamente de futbol y se creen el rumor de que: «si los rusos pierden, Putin los fusila”. También los hay con pergaminos y muy malas intenciones, que recorrieron las ciudades rusas objetando todo lo que veían, cuestionando el actuar de las autoridades y quejándose por la falta de “transparencia”; como si a alguien más que a los rusos les importasen los millones gastados o el colmo de colmos: el español Rafael Manzano, un tipo versado; con muchas páginas a la izquierda y corresponsal por muchos años en Rusia; regresó a contarnos con pesar, que San Petersburgo se edificó sobre los huesos de miles de esclavos ¡Le roncan los cojones! Por lo menos Pedro I Alekseievich, inmortalizado como: Pedro el Grande le dejó a Rusia y a la humanidad: una joya arquitectónica en una urbe envidiada ¿Los españoles a nosotros? Exterminio, saqueo y mierda, mucha mierda.

Por eso regreso a Mi manera de ver, convencido de que en Rusia vimos: futbol, ignorantes y mala leche.

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