Un presidente Urbano.

Todavía siguen cada cual, magnificando o soslayando los resultados de las elecciones. Tanto: Univisión, Telemundo o CNN -al menos en español- se atribuyen el éxito de la «marea azul». Mientras Trump parece importarle poco que se le haya empedrado el camino. Para los analistas -con más vísceras que neuronas-, el Mandatario está amarrado de pies y manos; es más, con alardes de pitonisa aseguran: que él, ya está liquidado. Cosas, que yo no creo. Tal es así que: sí éstas elecciones fueron un referendo sobre la gestión del “hombrin”, como lo aseguran esos conocedores de las traquimañas políticas; pues entonces, aún cuenta con el apoyo de la mitad de este país ¿Sobre la pérdida de escaños parlamentarios, incluso de las mayorías por el Partido gobernante? Es un fenómeno recurrente; es un mecanismo de equilibrio entre las fuerzas políticas y, consecuencia –sobre todo, en los sufragios de “medio término”- del natural desgaste y desencanto con la gestión del Ejecutivo.

Aun así, mérito o no, la economía se encuentra en la cresta de la ola; el desempleo como nunca –o al menos, tan bajo, como en años- y la Bolsa galopante; que parece cómoda con un gobernante empresario y hombre de mercado, aunque tenga en desvelo a la filosofía del escepticismo americano: “se ve muy bueno, para ser verdad”. En sus “aciertos diplomáticos” están el redirecciomiento de los acuerdos comerciales -que me imagino para bien de estados Unidos- y ha logrado insuflar sus verdades al nivel de Estado o en los foros internacionales sin reminiscencias del protocolo o de las pautas “de lo políticamente correcto”.

Obvio: a pesar de la asquerosa campaña de la prensa contra él, que no ha escatimado ni recursos ni provocadores ni infundios. Los acusadores de polarizaciones han mantenido un gardeo constante a la figura del hombre-presidente -incluso a su familia- y saturan a los consumidores de esa mierda que llaman “información”, de medias verdades, tergiversaciones y criterios parcializados –como es la esencia inmoral y alineada de esos que suelen llamarse Comunicadores-. Que en eso, es lo único o al menos, de las pocas cosas en que estoy en sintonía con Trump: “Los periodistas están entre los seres más deshonestos de la tierra”. Tal es así, que me siento en el deber de acompañarle en la lidia contra las confabulaciones y traiciones de todo tipo aupadas y sobredimensionadas por ellos (los medios).

Sígale el rastro: prenda al amanecer una de esas televisoras –repito, doy fe de las en español; pero creo que son casi todas- y lo primero que encontrará, será una noticia negativa de Trump. Si, de esas mismas que estimulan y pagan muy bien a cualquiera del personal, a filtrar detalles de lo que ocurre dentro de la casa de gobierno y sí es del plano estrictamente personal de la familia, mejor. Los que les buscan un espacio en el “prime time” a cuanta puta esté dispuesta a contar de como Trump le metió el “deo en el culo” en el ’74; pero, que ahora fue que recordó, que nunca le dio su consentimiento. Al otrora omnipresente e intocable jefe del FBI, quejoso contando sus temores por verse a solas con el Presidente y más; sí, al mismo a que todos esquivaban confrontar su mirada hace un tiempo atrás. Le culpan de los locos y las matanzas porque “siembra división y odios”. Mientras legitiman a la caravana de emigrantes centroamericanos en libre tránsito por México. País ese, capaz de soportar el paso de esa gente indeseada; con tal de que vengan a joder y crear caos ¡Total! Esa Prensa que no emitió ni siquiera un regaño a Peña Nieto por los muchachos Ayotzinapa, menos lo tildaría de pernicioso instigador de la crisis de los menores de edad solos en la frontera de hace par de años.

Pero el triunfo demócrata no sació del todo; siguen en el ruedo: el despido o la “renuncia”, como le queráis llamar, del fiscal general “provocó multitudinarias manifestaciones en rechazo a tal decisión”. No más de una docena de individuos con carteles; y más que elevar sus mensajes, pareciesen cubrirse los rostros. Posaron para las cámaras; en medio de la muchedumbre del Time Square ¡Una pequeña plaza de Nueva York que recibe 35 millones de visitantes al año! Carteles que le echan leñas a la fogata del Rusiagate. Una argucia que se ha inventado la resentida casta política tradicional y punta del iceberg establishment: que dos años después no logran hallarles explicaciones de como un elefante necio, arrogante y torpe llegó a la vidriera del Despacho oval. Solo dos posibilidades: gracias a la providencia o con la ayuda de una potencia extranjera ¡Como sino, si Dios, está con ellos! Pero, para la otra, tan obvia, el fiscal Mueller se ha empantanaó por año y medio en la trama rusa, sin dar en el clavo.

Otro detalle de la “era Trump” es la “vedettizacion de la Rama judicial”. La confianza depositada en esos tipos, con sus vidas garantizadas por el Estado -de por vida-. Que los aleja de la vida mundana y del escarceo político para centrarse en el juicio meridiano, ético y ajustado a la legislación al mundo circundante. A esos mortales que calzan la condición de Honorables, se les encomienda la justeza de los trámites y sus decisiones se acatan por su cauto y solemne proceder. Sin menosprecio a parte alguna y arguyendo la conveniencia de preservar la constitucionalidad. Sin embargo, ya son varios, los que parecen asfixiarse  en el “sagrado claustro de la jurisprudencia” y saltan a la palestra pública con esa fiebre de notoriedad a cazar la oportunidad de objetar cualquier pronunciamiento del mandatario: para, con una interpretación valida o cuestionable, echar abajo, cualquier decisión que puede ser; también cuestionablemente, hasta en  asuntos de seguridad nacional. Todo en nombre del equilibrio de Poderes.

Y es aquí, cuando se comienzan a ver síntomas de “república bananera” en Norteamérica: la alianza de los contendores políticos en la oposición; el afán de inmunidad de la Prensa y ahora los faranduleros de la Justicia crean un peligroso desequilibrio en la institucionalidad ¡A tal descaro! Que no disimulan las ganas de ver rodar, a la cabeza de Trump. Aunque algo decepcionados; sí, porque con la esperada aplastante victoria demócrata; ya tenían, hasta fecha para el impeachment.

Pero termine como termine la novela de Trump. Marcará una línea divisoria en las prácticas políticas y los métodos de gobernabilidad y por extensión, social de este país y un poco más allá. Ese trillado “antes y después” tendrá como pivote al magnate inmobiliario; un fenómeno que politólogos, y cualquier tipo de “ólogos” se han devanado los sesos tratado de explicarlo sin éxito. Pero yo creo “llevarme el gato al agua” al ver en la televisión a una “cosa”: llena de tatuajes; trenzas de extensiones; unos pantalones blanco ajustados a media nalga; chamarra de cuero rojo chillón, tenis de suela blanca con arabescos y los imprescindibles aretes como impronta de proyección en escena. Rodeado de puticas “perreando”, a quienes parece importarles poco, que ese tipejo, esté tirando a mierda a las mujeres. El cantante, que ni canta ni un carajo y se mete un micrófono en la boca y hace el paripé de declamar una ensarta de improperios, estupideces, vulgaridades reproducidas en el backgroung. Sin puta idea de que son registros, modulaciones, afinación y no sé cuántas vainas de esas hay que tener para cantar. Pero la explicación sobre nuestros problemas existenciales la encontré, cuando aquel sujeto confesó: “mira papi, yo me “impiro” en la gente, en la calle…”; mientras el presentador, leía las cifras de “estrimin” y copias vendidas que lo avalaban como un referente del “género urbano”.

Ya está, hoy en día, todo lo que se sale del cajón es aclamado por multitudes y llega a parecer lo bueno. Pues hecho; ya nos podemos ir a dormir porque tenemos el lio resuelto ¡Eureka! Un presidente Urbano. Al menos es mi Manera de ver.

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